Gladys

Las pocas palabras que logré escribir...
tal vez consigan sacarle una sonrisa a alguien...
Crimen pasional
Cómo imaginar que haberlo conocido podía terminar en un crimen pasional.
Traerlo a casa no fue difícil. Su mirada, sus movimientos, ese halo de misterio que lo rodeaba podían atraer al más pusilánime de los mortales. Como es habitual en estos seres - despreciados por muchos - respondía a mi devoción con pequeñas traiciones, y siempre me dejaba alguna marca. Pero eso era lo de menos.
Todo empezó cuando llegó a casa. A pesar de mi hospitalidad, interesada por cierto, desapareció por dos días. Lo invocaba, lo esperaba, le dejaba su comida lista, pero nada era suficiente para hacerlo volver.
Por fin, una tarde calurosa apareció. Sin el más leve asomo de culpa se presentó ante mí sucio, cansado, con rastros de demasiada noche despierta. Nada importaba, estaba conmigo nuevamente. Haciendo gala de mi femineidad le preparé un manjar, limpié su pelo y le ofrecí todas mis caricias. Como era de esperarse, se mantuvo en un implacable silencio.
Como al descuido, retomé mis tareas cotidianas. Y, en tanto mujer, me mantuve alerta a cada uno de sus desplazamientos por la casa con el rabillo del ojo, ansiosa por que por fin se acercara. Distraído, recorría cada uno de los rincones, exploraba mi escritorio y se asomaba a la biblioteca. Ocasionalmente me rozaba en una forma suficientemente vertiginosa como para que no lo hiciera mío.
De repente sucedió. Saltó sobre mí con la agilidad del tigre y me empezó a tomar. Sin preparativos, sin palabras, como era su costumbre. Inútil explicarle que nuestra naturaleza era distinta, que yo necesitaba otra cosa. Me mordía sin disimulo. Se movía frenéticamente. Era intolerable.
Finalmente se agotaron las palabras. Sin medir la fuerza que aún quedaba en mi cuerpo lo alejé de mí con un estratégico puntapié. Su cuerpo inmóvil yacía en la esquina de la sala, y apenas unos pocos pelos, aún tibios, flotaban en el ambiente.
Sin perder tiempo tomé una ducha. Mientras sacaba de mi piel los últimos rastros del desafortunado encuentro, intentaba evitar pensar en la pasión que me genera este tipo de individuos, tan distantes, independientes, enigmáticos, con la seguridad de que en cualquier momento y en el lugar menos pensado nuevamente iba a caer en las redes de un repugnante gato.
Dura la vida de un hombre
Dura la vida de un hombre
Que vive con una mujer
A quien llega a aborrecer
Porque sus dones le niega
Y con excusas reniega
A dar merecido placer.
Les voy a contar el caso
De un amigo memorioso
Que recordó entre sollozos
Los motivos que su esposa
Con tal de evitar "la cosa"
se dedicó a defender:
el mundialmente famoso
"hoy me duele la cabeza"
"de sábanas hice limpieza"
"esta noche hace calor"
"broncearme me causó ardor"
"que me levanto temprano"
"es que me ha salido un grano"
"nos escuchan los vecinos"
"es que esta noche me vino"
"¿no ves? Tengo nuevo peinado.
Y mi amigo ya quebrado
Reconocía la herida
Abierta por su querida
el resto de los momentos
cuando escasa de argumentos
se hacía bien la dormida.
Y para ser imparcial
Escuché la otra campana
Hablé con citada dama
Que dijo con desparpajo
Por qué sufre de altibajos
Para conceder la cama.
"Cuando me vienen las ganas
Él quiere mirar el partido.
Y un día que había bebido
Me confundió con la gata.
Cuando estoy muy ocupada
Él se vuelve divertido
Como un scout, está listo
Pero se queda en la nada."
¿Y cuál es la moraleja?
Disculpen la salvedad
Comparto con dignidad
Lo que enseña esta humorada:
la relación prolongada
Conduce a la castidad.
El colectivo
Andaba yo en colectivo
cuando sentí la presencia
de un invasor extraño
rozándome la decencia.
En vano intento escuché
a la voz de mi conciencia
que clamaba arrebatada
que era solo una sospecha.
Moví mi cuerpo hacia un lado
con elegancia y paciencia
pero el gigante invencible
no reconocía la ofensa.
Tuve que renunciar entonces
a tan difícil empresa
y enfrentar la situación
con femenina fiereza.
-¡Qué intentas hacer, ingrato,
con tu lasciva osamenta!
-¡Usted se está confundiendo!
Tráteme con clemencia.
Que no ha sido mi intención
causarle tamaña pena.
¿Por qué iba a consolarme
con tan fea asentadera?
Yo entonces por redimirme
y dar remedio a la afrenta
le propuse las virtudes
de mi parte no tan bella.
No es creída, ni arrogante
ni está llena de soberbia;
de ella el vicio se aparta
y la deshonra se aleja.
Y desanduve el pasillo
con actitud altanera
- ignorando las miradas
posadas en mi excelencia -.
Por eso mujeres del mundo
eviten pasar mi vergüenza:
si no hay asiento en el bondi
disfruten de la experiencia.
Genoveva
Te dedico, Genoveva
Estas humildes palabras
Compañera inseparable
En las buenas y en las malas.
Hemos recorrido juntas
Largos caminos sin par.
Sin embargo, Genoveva,
Te he tenido que dejar.
¿Tú te acuerdas, Genoveva?
Eras suave, incomparable.
Has perdido hasta el color:
Te volviste descartable.
En una noche sin luna
Dejaste de ser la de antes.
Frente al amor de mi vida
Tú desnuda me dejaste.
En actitud despreciable
Fuiste mostrando la hilacha.
Caíste hasta mis rodillas
Y eras mi única bombacha.
En conclusión, Genoveva,
No me importa que te llore.
Ya lo tengo decidido:
Yo me paso a Caro Cuore.
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