ANTONIO ORS NAVARRO

Tal vez lo viví en otra vida,
pero al escribirlo, esa bala...
Si pasáis la página más abajo, podréis leerlo...
UNA BALA

La trinchera tenia un palmo de barro, llevaban dos meses metidos dentro, la ropa permanecía húmeda, sin tiempo a secar. El sol no quería ver el espectáculo que se desarrollaba a sus pies y la humedad, aliada con el frío, hacia de las suyas.
Amanecía, tocaba hora de relevo... Durante las dos horas que estaba de guardia parecía que el tiempo estuviera muerto, cada minuto que pasaba era una victoria, de vez en cuando un chapoteo, por la experiencia adivinaba una rata... Formaba una escuadra con el fusil, que miraba al frente.
Los chapoteos eran diferentes, más potentes y rítmicos, giró su vista hacia el recodo que se formaba dos metros delante, allí llegaba el teniente con el relevo de la guardia, hicieron el cambio en silencio y otro soldado tomó su lugar, el trayecto hasta el bunker era largo o eso sentía después de las dos horas.
Llegaron al bunker, podían recuperar el calor perdido, al entrar el hedor era insoportable pero luego desaparecía como por arte de magia... Alguien encendió durante la noche una pequeña hoguera con restos de cajas vacías de munición, estaba amaneciendo, mala suerte... Iban a apagarla, la artillería enemiga podía servirse de la columna de humo como referencia.
Dejó a su derecha el fusil, se sentó en el suelo seco, todo un privilegio, se subió el cuello del abrigo y tomó posición fetal, sin proponérselo el sueño le venció.
Un silbato lo despertó, fuera el chapoteo y los gritos eran continuos, el enemigo comenzaba a atacar, a sus diecinueve años era la primera vez que iba a entrar en combate, como pudo cogió el fusil y a trompicones salió del bunker a tomar su posición, el corazón le iba a estallar de un momento a otro, las piernas le temblaban.
A lo lejos, entre la neblina de la mañana, se difuminaban figuras, se oía un griterío continuo, alguna que otra de las figuras se desplomaba y no volvía a levantarse... Estaba nervioso, apuntaba a las lejanas figuras y disparaba sin cesar.
Las figuras acercándose y el griterío en aumento, seguía disparando con toda la rapidez que sus heladas manos le permitían.
En un instante, lo que antes era una figura desconocida se transformó en un rostro, que a través del punto de mira tenia la misma expresión de miedo que el sentía, fue incapaz de volver a disparar... Solo notó el quemazón al penetrarle una bala el pecho.
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Ver Náufragos...
vbz
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