Ernesto Peréz
Ernesto Peréz
Me gusta escribir cuentos en los
que hay que adivinar el protagonista...


27 AL DIA...¿TANTOS?

Ya lo venia pensando durante algún tiempo, la relación que mantenían era insoportable.

Desde tiempo atras venia notando que su contacto le hacia daño, le resultaba imposible evadirse, interiormente lo intento todo, incluso olvidarlo, pero sus deseos anulaban su voluntad, estaba desesperada.

Todos sus conocidos coincidían en decirle que lo dejara, que cortara esa terrible relación, mientras le hablaban parecía distante, inmersa en su mundo, ajena a lo que se le avecinaba, y por fin, después de tanto tiempo coincidía con lo que durante tanto tiempo venían diciéndole, lo había decidido, cortaría de raíz, sin dar tiempo a ninguna pregunta que la obligara a dar una explicación, temía que podían entrarle ganas de volver junto a él y ya estaba convencida que bajo ninguna excusa volvería a caer en sus redes, era demasiado posesivo y no podía ni debía darle ninguna posibilidad.

Durante la relación fueron muy felices, lo conoció en plena juventud, apenas niña, en una reunión de amigas, Juana se lo presentó, era rubio, iba de blanco y su perfume embriagaba el ambiente.

Al principio lo veía una vez al día y a hurtadillas, recordaba que tuvo que pedirle permiso a su mama, para que pudiera estar en casa con ella, con el tiempo la relación se fue estrechando cada vez mas y fue acortándose el tiempo entre las visitas, recordaba sobre todo el apoyo que el siempre le brindaba en cualquier momento y lugar que lo necesitaba, allí estaba él, no le falló nunca y no le pedía nada a cambio, con él se sentía tranquila, dichosa y feliz, sobre todo recordaba aquel momento supremo que por primera vez salió de su casa llevándole de la mano, que importante la hizo sentir, nunca mas volvió a repetirse esa sensación.

¿Porqué no pudo seguir todo como hasta ahora?, porque ahora, después de tanto tiempo lo veía tan diferente... Si deseaba estar sola, allí estaba él..... Si salía con un amigo, allí estaba él... Si estaba trabajando, allí estaba él... Si salía con las amigas, allí estaba él... Al acostarse, allí estaba... Si comía, allí estaba... Si se encontraba enferma, allí estaba... Siempre estaba... Siempre... Se transformó en un ser realmente insoportable. Terminó por convertirse en un ser despreciable, cada vez que lo veía se encontraba incomoda y no podía hacer nada por evitarlo, excepto terminar definitivamente.

Que difícil iba a ser olvidarlo... Y que dejara de hacerle daño...



Déjanos tu opinión...

Ver Náufragos...

El Islote Surrealista

vbz
40